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ERZEBETH BATHORY

 

 

 

Erzebeth Bathory nació en 1560 en una de las familias más importantes de Rumanía. Era sobrina del rey Esteban I de Polonia y entre sus ancestros se encuentra Vlad Tepes, el héroe nacional rumano, en quien se inspiró Bram Stoker para su famosa novela Drácula.

Su infancia fue relativamente tranquila y asistía con deleite a las frecuentes ejecuciones públicas que se celebraban en su castillo. A los 11 años es prometida al conde Nadasky y es enviada a vivir con sus futuros suegros. A los 13 años, la díscola Erzebeth, queda embarazada de un criado: él es castrado y arrojado a los perros para que lo devoren vivo y ella es enviada a un lugar discreto en el que deshacerse de su hijo sin levantar escándalos.

Erzebeth se casa con el conde a los 15 años. Frente a la costumbre, fue el conde quien tomó el apellido de ella, pues tenía más relevancia que el suyo. Desde ese momento el conde Nadasky no salió de la sombra de su esposa, pasando el día cazando o guerreando sin preocuparse de las aficiones de su mujer entre las que se encontraba coleccionar amantes. El primero de su lista de amantes sería un criado llamado Thorko, aficionado a las ciencias ocultas y que seguramente transmitiría su afición a la condesa.

Erzebeth era cruel y sádica con sus criados. A las mujeres las castigaba colgándolas de los pies para darles bastonazos, también les aplicaba púas en la boca o los genitales. En invierno las obligaba a correr desnudas por la nieve y en verano las untaba de miel y las abandonaba en el bosque para que las torturaran los insectos. Estos castigos los aplicaba la condesa personalmente. En el caso de los hombres, los dejaba en manos de Thorko que solía utilizar un látigo con puntas de hueso. Estos castigos eran algo habitual en la época aunque Erzebeth fue yendo más lejos: cosía las bocas de las sirvientas indiscretas, a una la hizo colgar de los pechos (que tuvieron que amputarlos) durante una semana, a otra la hizo sentar en una parrilla al rojo vivo durante dos horas, etc.

En 1604 el conde Nadasky muere. A partir de entonces Erzebeth se volvió más sádica y cruel. En primer lugar expulsa a su suegra del castillo, quien tenía un pequeño grupo de sirvientas bajo su protección y con las que Erzebeth se desquitó; se dice que se pudieron escuchar los gritos de las desdichadas en toda la comarca.

Poco después ocurre la anécdota más conocida de su vida. Una criada le dio un tirón en el pelo mientras lo cepillaba y la condesa le dio un puñetazo rompiéndole la nariz. Algunas gotas de sangre la salpicaron y creyó notar que allí donde habían caído mejoraba la textura de su piel. Thorko y una sirvienta aficionada a la brujería, llamada Dorothya, desnudaron a la criada y la degollaron, empapándose Erzebeth con  su sangre, convencida de que así rejuvenecería.

Comienza así una época de terror que se extendería hasta 1610, seis años en los que desaparecerían numerosas jóvenes por la obsesión de la condesa de recuperar su juventud y belleza. Una de las jóvenes tuvo suerte. Se trataba de Piroska en la que Erzebeth vio cualidades de hechicera y la hizo su discípula. Con 15 años Piroska ya se encargaba de dirigir las sesiones de desangrado de las secuestradas y a la muerte de Thorko en 1608, ocupó el puesto de verdugo del castillo.

El sadismo de Bathory se intensifica, llegando a arrancar la carne a mordiscos de sus víctimas para obtener la sangre que necesita y sus castigos evolucionan a los hierros al rojo que aplica en los genitales aunque ya no sólo como castigo sino como medio de diversión.

Escaseando las muchachas de la región, Erzebeth invita a jóvenes nobles para ser educadas. Es entonces cuando comienzan las sospechas puesto que las muertes por causas naturales entre las jóvenes nobles son extrañamente altas. Pero la condesa reunió un grupo de guapos varones, a los que hizo pasar por nobles, y muchas familias ofrecían la mano de sus hijas enviándolas al castillo.

Alguna muchacha consiguió escapar, pero nadie creía los horrores que contaban sobre la condesa. Una de ellas, una niña de 12 años llamada Pola fue devuelta al castillo donde Erzebeth la encerró en una jaula esférica cubierta con cuchillas y la condesa y los suyos se divirtieron moviendo la jaula y destrozando a su víctima con las cuchillas.

En los últimos años Erzebeth se había vuelto descuidada. La cantidad de víctimas era tal que tuvieron que dejar los cuerpos en lugares a la vista de todos. Las denuncias contra la condesa llegaron a Matías rey de Hungría y del Sacro Imperio Romano Germánico, que ordenó al conde György Thurzo que tomara la comarca con su ejército. Cuando Thurzo entró en el castillo de Csejthe en 1610 descubrió algunos cadáveres en las salas del castillo y a una docena de prisioneras agonizantes. Cuando las tropas excavaron el suelo del castillo encontraron los restos de 50 jóvenes. Pero la prueba indiscutible fue el diario de Erzebeth donde ella había ido anotando los nombres de las infortunadas y las fechas de sus muertes. En total 612 mujeres fueron asesinadas por Bathory y sus seguidores.

Erzebeth fue llevada a juicio y se desvelaron detalles escalofriantes. Algunas de las muchachas habían sido torturadas durante meses prolongando su agonía para que siguieran proporcionando sangre fresca, las que daban muestras de debilidad eran destrozadas en la jaula esférica tapizada de cuchillas. La condesa confesó que bebía sangre varias veces al día, que la utilizaba como cosmético al levantarse y al acostarse y que al menos una vez por semana se bañaba con sangre. Los cómplices de Erzebeth fueron decapitados y a sus brujas Piroska y Dorothya les fueron arrancados los dedos tras lo que fueron quemadas en la hoguera.

Erzebeth al ser noble no podía ser condenada a muerte así que se la llevó a una habitación de la torre de su castillo y se tapió la puerta dejando sólo un pequeño hueco por el que proporcionarle pan y agua una vez al día. Tres años después de su juicio, en 1614, la condesa murió. Los lugareños se negaron a enterrarla en la comarca así que fue llevada a Ecsed, el lugar de origen de la familia. Poco después unos saqueadores de tumbas robaron su cadáver, aunque el arzobispo intentó ocultarlo enterrando un cadáver anónimo en su lugar. Esto junto a su afición a la sangre, consolidarían su mito como vampiresa y le haría ganarse el apodo por el que ha sido conocida hasta hoy: la Condesa Sangrienta.